Nunca Permití Que La Escuela Interfiriera Con Mi Educación, Parte 1

Hace algo de tiempo, yo hice la decisión personal de estudiar Ingeniería en Tecnologías de Información y Comunicaciones en el Tecnológico de Monterrey Campus Tampico. Eso fue hace ya casi cuatro años y quisiera ver en retrospectiva los últimos años.

El Tec de Monterrey se destaca por ser supuestamente una de las mejores universidades de México. Al parecer, hay muchas personas que le dan gran valor al nombre de esta institución. Dicen, que los alumnos salen bien preparados y que son los mejores. Sería ingenuo pensar que así son todos los alumnos, y yo personalmente no creo en esa idea. Al haber cursado tres años de preparatoria en esta escuela y otros tres años de carrera profesional, he llegado a formular una opinión muy fuerte de esta universidad.

Antes que nada, es importante mencionar, que todas las cosas que he observado y de las que a continuación hablaré son solamente del Campus Tampico, pues es el único Campus en el que he estudiado. Pero no creo que eso sea problema, ya que se toman la molestia de cobrar igual de barato que en cualquier otro campus, esto me da a entender que debo esperar la misma calidad de educación, de infraestructura, la calidad Tec.

Empezaré por mencionar una vez más que estudio Ingeniería en Tecnologías de Información y Comunicaciones, una carrera muy apegada a la informática, la programación, las redes computacionales, etc. Una carrera muy técnica sin duda, lo que requiere de maestros que dominen los temas, no solo de manera teórica si no también en la práctica. Pues no tarde en darme cuenta que tan raro y absurdo era encontrarse con maestros que cumplieran con lo anteriormente mencionado. Fue en mi primer semestre de carrera que me topé con maestros que simplemente se paraban al frente a leer diapositivas para después poner exámenes difíciles para crear la ilusión de ser un examen retador.

Tampoco hicieron falta los maestros que podían ser muy inteligentes y buenos en los temas que enseñaban, pero tenían pésimas habilidades para comunicar ese conocimiento a sus alumnos. Y pensar que tal maestro fue puesto a prueba por la directiva para verificar que fuera un maestro calificado y al nivel para formar parte de esta gran institución, EL Tecnológico de Monterrey.

Y así fue la regla, maestros que daban lastima, una y otra vez. Lo más deprimente era cuando esos maestros malos se repetían y te daban otras materias. Supongo que encontrar maestros calificados ha de ser muy difícil. Pero para cada regla hay una excepción, y tuve la oportunidad de conocer a algunos maestros buenos. Maestros que habían tenido una gran experiencia laboral que respaldaban sus estudios y que demostraban que dominaban los temas que enseñaban. No solo al momento de dar la clase, si no en lápiz y papel cuando se trataba de hacer ejercicios. Fue como una deliciosa limonada con agua mineral en medio del desierto. Con estos maestros estaré siempre agradecido, pues no solo fueron excelentes para enseñarme los temas, si no porque también me enseñaron valores personales.

Lamentablemente, los maestros no son la única cosa que el Tec de Monterrey Campus Tampico tiene que mejorar. Creo que con esa escasez de gente talentosa para ser maestros, a la directiva del ITESM se le ocurrió una estupenda idea. ¿Por qué en vez de contratar a 20 maestros para que les den clases a 30 alumnos cada uno, no contratamos a 5 maestros para que les den clases a 600 alumnos? Y así fue como nacieron las clases por internet en el Tec de Monterrey. Donde por medio de una plataforma lenta y mal diseñada, se imparten cursos de pésima calidad y que dan pésimos resultados. Nunca he escuchado yo de alguien que tenga un curso en línea y no se queje de que tan malos son. Muchos, si no es que todos, preferirían tener la clase presencial que tenerla en línea. Pero los alumnos no somos clientes, y nunca tenemos la razón.

Dejando por mientras a un lado la calidad de las materias en línea, una de las consecuencias más desagradables de éstas son la increíble deshonestidad que generan. Los alumnos reciben estos cursos con tanta apatía que en cada ocasión que se les presenta, copian tareas, exámenes rápidos y hasta los exámenes finales. Sale sobrando el software que estos cursos requieren con la finalidad de detener la deshonestidad, pues son fácilmente burlados. El Tec de Monterrey dice, que su misión es crear personas íntegras y éticas, pero me cuesta muchísimo trabajo creer que esto es cierto, cuando veo a cuarenta alumnos tomando un examen final de una materia en línea, con sus apuntes a lado y comparando respuestas con otros compañeros. Y por si fuera poco, la persona que los está supuestamente vigilando, se hace pato. Como me gustaría que el rector del campus se fuera a dar una vuelta por el centro de computación y pudiera observar lo que cada semestre sucede en las materias en línea.

Pero, ¿y quién soy yo para quejarme de esta grandiosa y noble institución que provee a este país en vías de desarrollo, con educación del primer mundo? Simplemente soy uno más del montón, un alumno becado. Pero de acuerdo a la opinión de un director de carrera del Campus Tampico, el que yo no pague colegiatura completa, no me da derecho a exigir el recibir una educación de calidad. Ni modo, supongo que deberé de convencerme de que todo está bien y que sólo porque mi título dirá Tec de Monterrey, mi futuro está asegurado, yeah!

Pero no todo lo que el Tec me ha enseñado es malo. El Tec me ha enseñado a la mala, a valorar algunas cosas. Me ha enseñado a valorar esos tres maestros que valen la pena. También me ha enseñado a valorar la educación, no sólo la que una escuela pudiera proporcionarme, si no la que uno puede recibir por cuenta propia. Por lo pronto, hace tiempo que tomé la responsabilidad de educarme y abandoné la idea errónea de responsabilizar a una escuela por mi educación. Sobre eso, vendrá más en la segunda parte de éste post.

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